Amaras a tu projimo

“Como es hombre le tiene que gustar el fùtbol”, ”Como es mujer debe gustarle bailar”, “Como es el hermano mayor tiene que dar el ejemplo”, “seguro es mala persona porqueno dijo Hola cuando entró” “Si se sienta así en el colectivo, seguro que no está contento”, “Si usa anteojos es nerd”.

Seguro escuchamos muchas de estas frases. Seguramente, muchas veces las pensamos nosotros mismos también. ¿A quién no le pasó conocer a alguien y pensar que no nos ibamos a llevar bien con esa persona? ¿A quién no le pasó de tener un mal día y sentir que alguien pensó eso de nosotros? ¿A quién no se sintió culpable de prejuzgar a alguien?

“Tener un prejuicio” o “Prejuzgar” implica, como su palabra lo define, emitir un juicio apresurado, es decir, elaborar una opinión de algo o alguien, sin tener suficientes elementos previos que argumenten dicho concepto.

El prejuicio nos hace la vida más fácil. Es mucho más simple ver a una persona en determinado grupo y establecer que dicha persona tiene determinadas características única y exclusivamente por pertenecer a ese grupo, que tomarnos el tiempo de conocer, reflexionar, y darnos tiempo para ver cómo es realmente esa persona y lo que realmente pensamos sobre esa persona.

Sin embargo, que sea más fácil no significa que sea mejor. De hecho, no lo es. El prejuicio es una actitud negativa, es una acción que nos priva de conocer a alguien en profundidad, alguien que quizas nos hubiese hecho muy bien como personas. El problema es que es algo que tenemos incorporado y que realizamos casi que inconscientemente, es decir, sin pensarlo.

Al tener prejuicios, nos cerramos ante la posibilidad de la existencia de otros grupos sociales, o de otras ideas morales, o de otras etnias raciales, o de otras preferencias sexuales, etcétera. ¿Cómo somos capaces de juzgar a alguien por cómo se viste, o por cómo se peina, o por cómo habla, o por la edad, o por la religión que predica, o por un sinfín de características que no son parámetro de absolutamente nada?

Una de las principales mitzvot es “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” pero lo importante, es amar al prójimo aún si no es igual a tí, aún si no piensa como tú, aún si es diferente. Porque lo maravilloso de la diversidad, de aceptar las diferencias, es también aprender de y con ellas. Amar al prójimo es mucho más que amar a quien conocemos y nos agrada, sino con quién no acordamos también. Es amar a tu prójimo aunque no sea como ti mismo.

Propuesta:

Para querer al otro sin importar quién es, es importante también conocerse a uno mismo.

Las cosas que son importantes para vos son tus “valores”. ¿Qué cosas son importantes?

Te proponemos ordenar esta lista de “valores” y preguntarle a otras personas cómo sería la suya. ¿Hay coincidencias?

Familia – Compromiso – Amigos – Responsabilidad – Amor – Tolerancia – Solidaridad – Perseverancia – Honestidad – Generosidad – Felicidad – Respeto

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