El disfraz de la noche

Purim es mi fiesta preferida. Todos los años preparo con mucha anticipación cada detalle del disfraz. La sinagoga se llena de colores, canciones, se lee la Meguilat Ester (el relato de Ester) y siempre jugamos y bailamos. Aunque digan que el disfraz no es tan importante como estar alegres, para mi, es lo más importante. El disfraz lo es todo en Purim. El mejor disfraz gana el premio  “Reina Ester”. El año pasado estuve a punto de ganarlo, este año, ¡nadie me saca el primer puesto!.

Yo ya estaba lista: ya tenía mi disfraz de cocinera puesto. Tenía mi delantal, mi gorro, mi cuchara, y mi cucharón. Hasta me había armado, con ayuda de mi mamá, una cesta llena de comida para llevar a la sinagoga y completar mi disfraz. Estaba tan feliz, que no iba a dejar que el disfraz se manche ni un poquito antes de llegar a la gran fiesta de Purim. Yo iba a ser la ganadora del premio a la Reina Ester.

Mi mamá tardó en terminar de arreglarse, y yo cada vez me impacientaba más. Quería llegar y que todos mis amigos y amigas vean mi súper disfraz. Me miraba al espejo cada 10 segundos porque sentía que el gorro se me estaba arrugando.

Tarde pero seguro, salimos a la gran fiesta. Caminé de la mano de mí papá muy atenta en la calle para no ensuciarme nada.

Llegamos a la sinagoga. Con una sonrisa enorme crucé la puerta, muy orgullosa de mi disfraz.

Para mi sorpresa, me encontré con Gael, un niño de más o menos mi edad, llorando.

A decir verdad, casi nunca había hablado con él, pero algo adentro mío me impulsó a acercarme y preguntarle qué le pasaba. Apenas me acerqué, Gael me pidió que me fuera.. Yo no me di por vencida: insistí hasta que me contara qué le pasaba. Me senté en el piso sin importar si mi disfraz se manchaba.

Con vergüenza, Gael me contó lo que le pasaba: no había podido traer su disfraz. Sus papás le habían explicado que no podían comprar un disfraz. A pesar de haberlo entendido, al entrar a la sinagoga y ver a su alrededor, Gael se angustió mucho.

Casi sin pensarlo, tomé mi gorro y lo puse en su cabeza y le di mi gran cesta de alimentos. Ya no me importaba ganar la competencia, sólo quería ayudarlo y que no llore más. Que disfrute de la gran fiesta que es Purim. Gael mostró una sonrisa enorme, me abrazó y me preguntó si podía llevarle la comida a su familia, lo cual asentí con orgullo y emoción.

El resto de la fiesta se desarrolló con normalidad. Gael sonreía emocionado cada vez que veía, y me agradecía enormemente. Escuchamos la Meguila, comimos Oznei Aman y con Gael desfilamos juntos nuestro disfraz.

Cuando llegó el momento del premio, ya no estaba nerviosa. Sabía que había sido mejor ayudar a Gael, que llevar mi traje a la perfección.

“Y la ganadora del premio a la Reina Ester es…” Y, aunque no lo crean, el Rabino mencionó mi nombre. Mi nombre y mi apellido. No lo podía creer. Emocionada, continué escuchando lo que decían “Hoy ganó el premio a la Reina Ester la persona que cumplió con una Mitzvá (precepto) importante de Purim. Es la Mitzvá (precepto) de Mishloaj Manot, que refiere a regalar comida y Matanot Laebionim, que refiere a ayudar a quienes lo necesitan”

Y así, casi sin darme cuenta, cumplí con las dos mitzvot de mi fiesta preferida, gané el premio a la Reina Ester y descubrí lo importante y enriquecedor que es cumplir con las Mitzvot y así ayudar a los demás.

¿Te animas a armar tu propio disfraz?

Los disfraces, muchas veces, podemos crearlos nosotros mismos.. A continuación te mostramos diferentes instrumentos que puedes hacer con materiales reciclables, que seguro puedes encontrar en tu casa. ¡ Y así estar listo para tu próxima fiesta de Purim!

Lo siento, pero no tienes permiso para ver este contenido.