Un desafío particular

Cada día, desde que nos mudamos a esta nueva casa, cada cual hace sus tareas: mi mamá cocina, mi abuelo lava los platos, mi hermana y yo levantamos la mesa. Llueva, nieve, truene o salga el sol, cada día es mamá quien nos levanta a la mañana, papá el que nos lleva a la escuela, yo hago mi cama luego de levantarme.

Cada día, menos ese día. Ese día nunca voy a olvidarlo…

Todo empezó el día anterior, un jueves del mes de abril. Ya era tarde, estábamos cansados, todos queríamos ir a dormir. Pero aún no habíamos podido cenar, porque mi papá no había llegado del trabajo. Mi mamá había cocinado una tarta de queso, así que cuando llegó mi papá pudimos empezar a comer.

  • ¡Ay mamá, esta tarta está fría! Dijo mi hermana.
  • Sí, además ayer comimos lo mismo… dije yo.

Mi papá se rió. Mi mamá, por el contrario, puso una de sus caras más temidas: su cara de enojo.

  • ¿Saben qué? ¡Me cansé! Mañana, quiero que cocinen ustedes, dijo mi mamá.

  • Claro, dijimos al unísono con mi hermana. Seguro que lo haremos mejor que vos.
  • De igual forma – agregó mi hermana – nosotros cocinamos pero vos lavas todo. El abuelo mañana no lava.
  • Eso es fácil, veamos cómo les va, dijo mi mamá mientras sonreía aceptando el desafío.
  • Veremos qué tan fácil es ser el otro, dijo mi papá. A partir de mañana, cada uno hace nuevas tareas. Yo haré las camas de los niños.

Y así fue: al día siguiente, me dediqué a buscar la receta, mi hermana consiguió los ingredientes y nos pusimos a cocinar. Queríamos hacer una tortilla de papas. Todo venía a la perfección pero… cuando rompimos los huevos, cayó parte de la cáscara dentro de la preparación. Cuando pelamos las papas, hicimos un enchastre en toda la cocina… y cuando pusimos la tortilla en la hornalla… ¡Se quemó!

Cuando nos sentamos a comer, mamá y papá se rieron, pero no dijeron ni una palabra. Nadie dijo nada en realidad. Cuando papá levantó la mesa, rompió sin querer un vaso, y cuando mamá tuvo que lavar, dejó en remojo todo porque decía que era mucho…

Al terminar el día, nos dimos cuenta de lo difícil que son las tareas del otro, y lo bien que cada uno hace las suyas. ¡No es fácil ponerse en el lugar del otro!

Las Mitzvot (preceptos) nos indican cómo comportarnos. En muchas ocasiones, ponernos en el lugar del otro es lo más importante. Es un desafío darnos cuenta y valorar lo que los demás hacen, porque en muchos casos, ¡lo hacen por nosotros!

Propuesta:

Te proponemos un desafío: en el siguiente juego encontrarás diferentes elementos para ordenar. ¿Te animas a ordenar y llevar cada elemento a su lugar de guardado?

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