La última parada

La ruta: ese camino que parece infinito, pero que nos conecta con el mundo y, finalmente,  nos conduce a un destino especial. Destino que en la mayoría de las ocasiones es definido con anterioridad. Cuando estamos en la ruta, en general, miramos hacia adelante. Pensamos en aquel lugar al queremos llegar. Cada tramo recorrido se convierte en parte de un camino que vamos dejando atrás, con orgullo y con ganas de seguir recorriendo. La satisfacción al llegar es enorme, ya que reconocemos el esfuerzo que hicimos y todo lo que nos costó llegar hasta allí. Miramos hacia atrás, vemos el camino recorrido y sólo podemos estar contentos por haber llegado, aunque también nos detenemos a pensar cómo recorrimos ese viaje: ¿lo hicimos rápido o nos llevó más tiempo del que pensábamos? ¿Hicimos suficientes paradas? ¿lo disfrutamos? Llegar a nuestro destino nos da felicidad, pero seguro también nos permite aprender diferentes cosas que utilizaremos en el próximo camino que emprendamos.

Una de las Tfilot (oraciones) de Shabat  es Vaiejulu Hashamaim. ¿Sabes de qué se trata? Esta Tfilá (oración) nos enseña que el séptimo día de la creación del mundo, Dios descansó, hizo una pausa. Se detuvo a ver todo lo que había creado… Ese día creó Dios el Shabat. Dios creó el séptimo día para recordarnos la importancia de realizar pausas. Parar, mirar para atrás, sentir la satisfacción por la semana transitada, pero también pensar en todos aquellos aprendizajes que nos permitirán vivir una próxima semana distinta..

¡A jugar!

Al mirar por la ventana del auto, cuando estás en la ruta, puedes encontrarte con muchas de las creaciones de Dios. En tu país, o en cualquier parte, podés apreciar su creación y maravillarte con los colores y formas del mundo.

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